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Fotografías gastronómica IX: composición

Fotografía gastronómica (IX): la composición más estilosa para resaltar nuestras recetas

 

En posts anteriores hemos hablado de que para obtener una fotografía gastronómica acertada necesitamos prestar atención a la luz; elegir el encuadre que más realce nuestro plato; determinar el enfoque más adecuado y la profundidad de campo dé más belleza a nuestra escena; buscar el mejor ángulo y realizar una composición llena de armonía. Pues bien, hoy nos centraremos en cómo lograr una composición estilosa.

La composición es desde mi punto de vista la cualidad más artística de una fotografía, donde volcamos nuestro estilo y donde se aprecia más la expresión del fotógrafo. Sin embargo, su virtud como manifestación artística no obsta a que haya reglas muy concretas que nos pueden ayudar a conseguir composiciones mucho más efectivas visualmente. Las reglas siempre vienen bien y nos simplifican el proceso de fotografiar, pero no permitas que te aten la imaginación a la hora de experimentar.

En su momento ya hablamos sobre la importancia de las reglas en la composición fotográfica en este post y quizás deberías echarle un vistazo para tenerlo más fresco. Las reglas sobre composición en cualquier tipo de fotografía son muchas y variadas, pero, como estamos tratando con la gastronómica, voy a centrarme en las que considero que afectan más especialmente a la fotografía de alimentos.

 

Un solo punto de interés

 

A menudo componemos escenas donde no es posible averiguar cuál es el objeto principal y cuáles los accesorios, los detalles, lo que confunde al espectador. Antes de hacer una foto y de componer tu escena, has de elegir cuál será el alimento que quieres destacar y centrarte en él. Todo lo demás, en principio, debe ser secundario en la foto. Recuerda que la simplicidad es belleza y claridad.

 

Receta navideña: nevaditos de aceite de oliva

En esta foto de “nevaditos con aceite de oliva“, la simplicidad es la norma y no por ello deja de ser una foto agradable y que produce ganas de pillar uno de estos dulces y comerlo con una buena taza de té. En la foto hay tres elementos: el plato con los nevaditos, la silla y un paño de cocina. Sabemos cuál es el elemento principal y los accesorios están para apoyarlo. Nada más. No perdamos de vista qué queremos mostrar.

 

En esta regla podríamos introducir todo lo que tiene que ver con los colores, las texturas, etc. Se trata de que todo esté al servicio de un punto de interés y que no haya tantos elementos que nos distraigan y por los que dejemos de prestar atención al objeto fundamental de nuestra foto. De este tema hablaremos en otra ocasión.

 

Coloca en forma de triángulo

 

Al cerebro humano le gusta esa forma e incluso leemos siguiendo esa estructura mental. Aprovecha esa característica y coloca tu escena ordenando el elemento principal y los accesorios formando un triángulo que la vista sea capaz de visualizar con rapidez.

 

Pierogi de Navidad, una receta tradicional polaca

Hay un triángulo sutil, pero que funciona, entre la base de la copa, los cubiertos entrelazados y el pierogi enfocado. Además, se repite el tres.

 

El número tres y los impares

 

A nuestro cerebro le gustan los triángulos y el número tres. Si vas a colocar varios elementos en tu escena, intenta que tres sean los que destaquen o busca un número impar. ¿Por qué? Porque se ha estudiado cómo percibimos los humanos la belleza y la mayoría de las veces nos atraen las composiciones impares. Debe ser que nos gustan los versos sueltos y que no todo esté emparejado. No importa si no estás de acuerdo con las razones para fundamentar esta regla. Lo importante es que funciona.

 

Trigo tierno con acelgas y arándanos

Un bol con trigo tierno y dos palillos. Tres objetos.

 

Acércate más

 

Lo fundamental de la fotografía de alimentos es que estos se aprecien con todas sus cualidades, que se vean bien para que causen el efecto para el que se hizo la foto: provocar ganas de comerlo.

Sé que soy pesada, pero para mostrar bien lo rico que está un plato, hay que acercarse y enseñarlo bien. ¿No te dan ganas de comer estos cogollos rellenos de salmonetes?

 

Entiendo que esta regla puede no ser tan clara en la fotografía gastronómica de hoy en día, donde se preparan bodegones preciosistas y las fotos se toman de lejos o incluso con angulares; donde lo importante parece no ser un alimento, sino el estilismo en sí mismo. Hay fotógrafos especializados en mostrar grandes y complejas escenas culinarias y, aunque ese es su estilo y ello no es nada negativo, no debemos perder de vista que cuando fotografiamos un alimento buscamos mostrar ese alimento en concreto. Estamos aprendiendo fotografía gastronómica y la regla es intentar mostrarlo de modo que sus cualidades se aprecien perfectamente. Los estilos complejos los dejaremos para cuando estemos más versados.

 

El espacio libre y el encuadre relleno

 

Una fotografía de comida agradece mucho que se permita “respirar” al elemento principal. Es siempre un acierto dejar un espacio entre el alimento a fotografiar y otros objetos accesorios. Me atrevería a añadir que es importante también dejar “aire” entre todos los elementos y el encuadre de la foto, que es lo que llamamos “espacio negativo”.

Un aromático bundt cake de requesón y limón horneado en un molde Bavaria de Nordic Ware

En esta fotografía de un bundt cake podemos entender el espacio negativo, el aire que tiene para poder “respirar”, para que nuestros ojos tengan espacio donde girar y volver a lo principal.

 

Las fotografías con elementos bien distribuidos en la composición, sin apelotonarse unos sobre otros, funcionan muy bien. Sin embargo, hay ocasiones en que un encuadre completamente relleno es tan hermoso como irresistible para el ojo humano. En estos casos, intenta repetir elementos que sean iguales y permite que uno sea distinto (o que esté colocado de forma diferente), para que capte la atención.

 

Asado de salchichas frescas con cherries

A pesar de la regla de dejar espacio, en ocasiones lo contrario es justamente lo que atrae nuestra mirada. En esta foto de unas salchichas frescas asadas casi no hay aire, pero existe algo que ayuda a que no sintamos agobio. Se trata de buscar qué queremos enfocar y qué apertura de diafragma usaremos para que los ojos se centren en una parte de la foto. En este caso, nos fijamos en la primera salchicha y la ramita de romero.

 

La regla de los tercios

 

Al cerebro humano le gusta el tres, el triángulo y colocar las cosas en las intersecciones de los tercios de una cuadrícula. Debemos acostumbrarnos a aplicar esta regla porque funciona, funciona y funciona. No me cansaré de repetirlo.

Entiendo que no a todo el mundo le sale igual componer una imagen teniendo en cuenta esta norma básica del arte en general y de la fotografía en particular, pero debes hacer el esfuerzo porque ayuda a que nuestras fotos estén equilibradas. Al principio, hacer una foto pensando que existe una cuadrícula de tercios sobre nuestro encuadre puede parecer engorroso, pero, con el tiempo, lo harás automáticamente, con toda naturalidad.

Lo ideal es que los puntos de máximo interés caigan en la zona de las intersecciones, como sucede en el caso del tenedor con los spaghetti con calabacín y limón. No ha de ser clavado al milímetro, pero sí estar en la zona de influencia de la mirada. Repito que es una regla y en arte todo está permitido una vez que estas se conocen y dominan.

 

Limpieza, por favor

 

Cuando hacemos una fotografía de comida, es importante que toda la escena parezca y esté limpia. Si hay un plato, que este no tenga un goterón de salsa y, por ejemplo, si usas paños o mantelería, intenta que estén perfectamente impolutos. Piensa que estamos fotografiando comida y esta debe encontrarse en un marco higiénico.

Es cierto que el atractivo de algunas fotos es su aspecto “gamberro” (alguien rebañando un plato, unos amigos comiendo hamburguesas en una barbacoa, un niño manchado de chocolate, etcétera), pero el aspecto gamberro es igualmente muy cuidado, porque el objetivo es provocar risas o una reacción de asombro. Lo que no se permite en fotografía culinaria es el descuido y la falta de limpieza.

Desde mi punto de vista, hay comidas que admiten ser mostradas de una manera mucha más informal. Por fino que uno sea, comer una hamburguesa implica mancharse las manos y la boca, por lo que, se pueden fotografiar siendo más naturales e incluso “gamberros”.

 

Dentro de esa misma casilla de fotos “gamberras”, yo pondría las fotos “vintage al límite”, es decir, aquellas que recurren a objetos “viejos”, oxidados, ajados, etc. El vintage al límite es un estilo de fotografía gastronómica que no agrada a todo el mundo, pero, créeme cuando te digo que es muy detallista, esmerado y cuidado. Los objetos aparecen desvencijados y herrumbroso, pero no por ello sucios. Yo reconozco que la imagen me parece bellísima, pero no me gusta colocar comida que me voy a comer sobre un plato tan roñoso que pueda trasmitir alguna bacteria al alimento. Con estas cosas tengo mucho cuidado, aunque igualmente respeto el estilo y me suele fascinar el aspecto decrépito y caduco que reflejan algunas de las escenas mostradas.

Este fondo es una placa de horno que uso para pizzas, cocas menorquinas, etc. Está viejito ya del uso que le doy, pero me gusta tanto para algunos fondos que me niego a distanciarme de él. Está gastado, rallado y tiene zonas con manchas que por más que frote no salen. Puede que no agrade a todo el mundo, pero a mí me encanta usarla en mis fotos y me fío de su estado. No me digan que estas costillas de cordero no han quedado monísimas sobre esta chapa…

 

No olvides el objetivo de la foto gastronómica: provocar ganas de comer ese alimento

 

Conozco a personas que no soportan comer verdura y que, sin embargo, se sienten atraídos por una foto donde unas turgentes hojas de lechuga con brotes de alfalfa son las protagonistas. Eso significa que la fotografía ha cumplido su función: atraer la mirada y provocar hambre.

Desde mi punto de vista, una foto de alimentos debe seducir y provocar que uno quiera comerlos. En ocasiones, solo seduce; es bella y nada más. A veces olvidamos qué es lo que pretendemos causar en el espectador y nos encerramos en determinados estilos porque son bellos, porque en ellos nos sentimos cómodos o porque nos negamos a aprender cosas nuevas. Personalmente lo considero un error, aunque esto es arte y ya sabemos que el arte es flexible y muy plástico.

No obstante, tan erróneo es solo mostrar la belleza de un alimento como considerar que basta con que “esté bueno” o sea una buena receta, porque siento decirte que si tienes un blog, la imagen de tus recetas es importante. Hay que ser un poco perfeccionista e intentar conjugar el fondo (la receta en sí misma) con la forma (su aspecto). No olvidemos que antes de probar un plato, ya nos lo hemos comido con los ojos.

 

En resumen, debemos aprender a buscar la belleza de los platos que preparamos, de los alimentos que mostramos y de las escenas con las que nos expresamos. Para ello tendríamos que esforzarnos y encontrar la composición que más favorezca a cada comida. Es una pena que un plato maravilloso de sabor no sea atractivo porque está incorrectamente encuadrado y enfocado, descuidada la limpieza, todos los elementos de la foto apelotonados o no sabemos qué elemento es el principal. En mi humilde opinión, una fotografía gastronómica perfecta es aquella que nos invita a degustar lo que vemos, incluso cuando, a lo mejor, no nos gusta ese alimento.

 

¿Conocías todas estas reglas? ¿Sueles respetarlas? ¿Te cuesta tenerlas en cuenta? ¿Con cuál sientes que tus fotos mejoran? ¿Qué regla te parece que a ti no te funciona y por qué? Me encantaría que me contases tu experiencia con todas estas reglas sobre fotografía. ¡Te espero!

 

 

8 Comments
  • Marhya
    Posted at 08:13h, 22 febrero Responder

    Gracias por una entrada tan completa. La verdad es que me queda muchísimo por aprender, pero sigo intentándolo. Aunque solo sea por cabezonería, espero ir mejorando. Conocía algunas de estas reglas pero no soy especialista en aplicarlas correctamente.
    Un beso.

    • Laube Leal
      Posted at 09:51h, 21 marzo Responder

      Todos tenemos siempre cosas que aprender, María. Yo siempre veo cosas que puedo mejorar o que, directamente, hago mal. Es cuestión de analizar lo que se hace mal, comprender la razón y empeñarse en mejorarlo. La cabezonería en este caso es espíritu de superación y es muy bueno.

      Te invito a que te centres cada mes en una regla distinta. No las pretendas implementar todas a la vez, sino una cada mes. Es mucho más fácil y cuando apliques la siguiente, tendrás completamente asimilada la anterior.

      Besitos

  • Laura Selene
    Posted at 18:11h, 22 febrero Responder

    Que te voy a decir que no te haya comentado ya en cada entrada sobre fotografía y curiosamente esta misma entrada la estuvimos comentando hace unos días cuando intentaba hacer una foto. Practicar constantemente es la clave hasta que el ojo se acostumbre y hagas las cosas de forma directa. A mi me cuesta, la cámara no es amiga mía, intento llevarme bien con ella pero no veo la cuadricula, ni el triangulo, ni nada, entonces pierdo la paciencia, ains !! Bueno eso y la luz que me vuelve loca. Enfin que lo seguiré intentando. Beso.

    • Laube Leal
      Posted at 09:53h, 21 marzo Responder

      Al igual que le comentaba a María, te digo a ti, tocaya. No pretendas implementar todas las reglas al mismo tiempo, sino, por ejemplo, una regla cada mes, pero ser consciente de ella y esforzarse. La fotografía es un arte que exige de técnica, por eso es algo más complicado estar satisfecha con lo que se hace, pero se puede.

      María y tú me han dado una idea para un reto fotográfico en Instagram. Vamos a practicar las reglas en retos. ¿Te parece?

      Muaccccccccccccc

  • Enikő Ostafi
    Posted at 23:01h, 22 febrero Responder

    Cuantas cosas muy importantes para un muy buen resultado. A veces por la emoción, no me acuerdo de todas las normas. Y muchas veces después de una hora de tomar fotos no tengo ni una medianamente aceptable.
    Gracias por compartir tus conocimientos.
    Un abrazo.
    Eni

    • Laube Leal
      Posted at 09:56h, 21 marzo Responder

      Eniko, lee los comentarios de María y Laura. Creo que vamos a intentar practicar estas reglas (y otras) en retos fotográficos. Voy a ver cómo lo hago, pero las reglas simplifican mucho la tarea de fotografiar.

      Yo he observado una mejora muy significativa en tus fotos en los últimos 6 meses. ¿Puede ser? No sé si estás leyendo sobre fotografía, haciendo algún curso o simplemente mirando muchas fotos, pero es mi apreciación y espero que puedas ir aún más allá. Verás qué divertido.

      Un besito.

  • Mercedes
    Posted at 10:29h, 26 febrero Responder

    Hola Laura!
    Cuánto me gusta leer estas entradas en las que nos enseñas con tus técnicas y experiencias.
    Si hay una fotografía que no me gustan nada, son esas que están tan repletas de cosas que tienes que buscar el bizcocho en cuestión y no lo ves por ningún lado.
    Sabes que voy aprendiendo, voy probando y en alguna ocasión hasta me sale algo bien (o eso creo), las fotos que más me gustan son los primeros planos o ese bizcochito cortado con la miga a la vista, creo que es mi estilo aunque me falta mucho y siempre no transmitimos lo que queremos.
    Aunque siempre es bueno leer a personas como tú que te hacen ver algunas cosas que no sabías.
    Muchas gracias tesorete.

    • Laube Leal
      Posted at 10:06h, 21 marzo Responder

      Yo creo que el estilo personal surge cuando hemos probado muchas técnicas distintas. Aunque normalmente lo resaltamos, el estilo propio es algo que surge de manera natural, sin esfuerzo casi. Seguramente a ti te gusta especialmente esas fotos de primeros planos y un tanto minimalistas, mientras te desagradan las recargadas. Eso forma parte del arte: que unas cosas gusten y otras no. Sin embargo, a veces, nos formamos más, cuando probamos incluso lo que no nos gusta. Me explico.

      Yo soy bastante “simple” y rústica en mi estilo, lo que no quita con que haya probado el recargar alguna foto. Mis fotos suelen tener mucho aire para que el elemento que muestro respire más y, sin embargo, me fascinan los planos completamente llenos. Hasta llegar aquí, camino que continúo porque creo que nunca se termina de saber todo ni muchísimo menos, he probado muchísimas cosas y he hecho fotos muy malas, feas y desprovistas de “historia”, cosa que ahora, para mí, es imprescindible. Lo que quiero que entiendas es que, por ejemplo, una foto simple puede llevar muchos elementos, pero estar todos al servicio de lo que quieres mostrar, pues no le roban ningún protagonismo, sino que refuerzan la historia. Una foto con mucho espacio negativo puede ir acompañada de otra foto de encuadre completo para mostrar algún detalle (como eso que cuentas de la miguita del bizcocho).

      No te centres en ningún estilo definido por otros. Busca contar historias con tus fotos, encandilar con una tarta o alegrar con unas galletas. El estilo personal surgirá cuando de manera natural transmitas eso que quieres contar. No lo fuerces. Saldrá y para eso debes ayudarte de la técnica, las reglas…

      Un besote.

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