Regreso a casa y un panettone clásico como nunca habrás probado

 

Comenzaba a llover. Era una lluvia tenaz, una cortina de agua que impedía ver más allá de unos diez metros.

—No veo nada. ¡Será posible! Si sigue lloviendo así, no llegaré nunca.

Amalia frunció en entrecejo y sacudió la cabeza, apartándose parte del flequillo obstinado que le caía sobre los ojos y que le dificultaba aún más su visión de la carretera. Sabía que tenía que haber salido antes, pero, sin venir a cuento, su jefe se empeñó en que le entregara un boceto que no saldría hasta febrero. Justamente hoy. No solía ser tan capullo, ni ir de jefe por la vida. Además de ser un guaperas, era un tipo amable y cariñoso, sobre todo a solas. Sonrió torciendo la boca. La Navidad trastorna a todo el mundo, pensó.

—No llegaré a tiempo y me harán el vacío, para variar.

Estiró el brazo y, a tientas, buscó en su bolso un paquete de pañuelos para limpiar el vaho que empañaba el cristal de su viejo coche. Nada. En su enorme bolso rebosante de objetos de toda clase no había pañuelos de papel. Suspiró resignada y limpió el cristal con la palma de la mano y esta en los vaqueros desgastados.

En la radio sonaban los típicos clásicos de Navidad que tanto le gustaban. Ya sabía que era contradictorio con su manera de ver el mundo, pero la música traspasaba esas fronteras. Sonrió y tatareó el suave “Unforgettable” de Nat King Cole. Se relajó.

—¡Por fin…! —dijo Amalia al tiempo que ponía el intermitente y giraba hacia la derecha metiendo su viejo coche en un camino empedrado. Escudriñó y observó que solo había dos coches aparcados delante de la casa y uno de ellos no era de la familia. ¿Y sus hermanos? Era raro que no hubiesen llegado ya a casa de sus padres.

—¿Dónde estarán?

Miró el reloj del coche y vio que eran las casi las nueve. Frunció nuevamente el ceño y pensó que era muy extraño. Paró el coche, abrió la puerta de un empujón y salió tropezándose con el cinturón de seguridad. Se paró a coger el bolso, pero cambió de idea y salió a paso ligero hacia la puerta de la casa. Era amarilla. La miró al tiempo que tocaba el timbre. Su madre adoraba el amarillo y, aunque a su padre le parecía un horror, el amarillo se impuso.

Oyó pasos tras la puerta. Alguien bajaba la escalera sin ninguna prisa por abrirla. La puerta se abrió.

—Hola mamá.

—¡Hola querida! ¡Pau, ven, corre…! Amalia ha llegado —dijo su madre al tiempo que la atraía hacia sí y le daba un abrazo asfixiante y dos sonoros besos.

Amalia parecía sorprendida al ver que su madre no le recriminaba la hora. Siempre lo hacía. Su padre apareció deslizándose lentamente por el pasillo, sosteniendo una copa de cava en la mano. Adoraba a su padre, aunque él hablaba poco, pero siempre tenía una sonrisa en la cara.

Hola, carinyo. Com va tot? —le susurró su padre al oído mientras la achuchaba con un brazo. Siempre la saludaba en la lengua de su roqueta.

Bé, papá. Tot va bé.

Amalia se giró hacia su madre y vio que sonreía picarona.

—¿Dónde están todos? ¿De quién es ese coche gris? Me suena…

—Venga, Amalia, entra que hace frío. Tus hermanos estarán a punto de llegar. Quisimos retrasar un poco la cena este año para… —se interrumpió su madre a sí misma—. Venga, chiquilla, pasa, que hace frío y además… Este año tenemos un invitado.

Amalia puso ojos de plato y su madre se dio la vuelta dirigiéndose hacia el salón. Su padre observaba divertido la escena y, de repente, soltó una carcajada.

—Voy a buscar mis cosas al coche. Ahora entro. Papá, deja de reírte y ve sirviéndome una copa a mi también a ver si así entiendo qué está pasando —espetó mientras bajaba por la cuesta del jardín hacia su coche. Miró de reojo el coche gris. ¿De quién sería…? Le sonaba mucho, pero jamás lograba recordar las matrículas de los coches. A veces, ni siquiera la suya.

Metió medio cuerpo dentro del coche y tiró de su bolso. Se lo colgó al hombro. Rodeó su coche sin dejar de mirar el reluciente coche gris y abrió el maletero. Cogió el bolso de cuero con la poca ropa que había metido esa misma mañana y que debía servirle para pasar la semana en casa de sus padres y sacó un par de bolsas de papel con algunos regalitos para sus sobrinos. Cerró el coche y se dirigió hacia la casa, tropezando con la manguera que su padre siempre olvidaba recoger después de regar. Se le cayeron las bolsas de papel, rompiéndose una y saliendo disparados los paquetes con sus lacitos de colores.

—¡Joder, papá!

Se agachó para recogerlos y, mientras intentaba recomponer la bolsa rota y colocar los paquetitos en la que quedaba entera, oyó que unos pasos se acercaban.

—Hola Amalia. ¿Te ayudo?

Ella reconoció la voz, alzó la vista y se levantó.

—¿Tú…? ¿Qué haces aquí? —dijo mirando el coche gris— Pero, ¿qué…?

—Tu madre me llamó y me invitó. A mí también me sorprendió, pero ya que no íbamos a pasar las vacaciones juntos y yo tampoco tenía planes familiares… ¡No supe negarme! Me apetecía pasarlos contigo, aunque fuera en casa de tu familia. ¿Te parece mal?

Amalia alucinaba. No sabía qué decir. Le gustaba tenerlo cerca, pero pensó que jamás habría planeado que sucediera en casa de sus padres.

—No, no… Mal no. No sabía… No pensé que… Creía que te ibas a quedar en Barcelona. No sé, trabajando, supongo. Me pediste el boceto y… ¿Por qué te ríes?

—Porque eso fue una triquiñuela para conseguir llegar antes que tú. No sabía si me iba a perder. La que se sabe orientar eres tú. Ya sabes que yo, aunque lleve el gps, no consigo llegar a ningún sitio a la primera.

Amalia sonrió. Era una sonrisa relajada y abierta. Dejó caer los bolsos y los paquetes con sus lacitos de colores, se acercó a Matías y le besó. Él le puso las manos en la cintura y le correspondió.

Su padre sonreía mirando tras la ventana.

—¡Amalia, Matías…! Necesito ayuda con las bandejas. ¡Pau, pon esas copas! ¡Estamos sequitos!

Amalia y Matías se dirigieron hacia la casa. Amalia respiró profundamente y se percató del aroma que flotaba en el aire…

—¡Mamá, no me digas que has preparado…!

—Sí, querida. Eso mismo —. Y le guiñó un ojo.

Panettone clásico

Un panettone clásico como nunca habrás probado

INGREDIENTES (2 panettoni grandotes):

Prefermento

 

  • 110 g de leche entera
  • 110 g de harina de fuerza
  • 2 g de levadura seca

 

Primera masa

 

  • 4 huevos enteros
  • 2 yemas de huevo
  • 550 g de harina de fuerza
  • 130 g de azúcar
  • el prefermento
  • 140 g de mantequilla sin sal ablandada
  • 2 cucharadas de ron

 

Segunda masa

 

  • 3 huevos
  • 3 yemas de huevo
  • 75 g de azúcar
  • un pizco de sal
  • 10 g de miel (de flores usé yo)
  • las semillitas de una vaina de vainilla (no tires la vaina y úsala si haces natillas, arroz con leche, crema catalana, crema pastelera…)
  • 270 g de harina de fuerza
  • la primera masa
  • 140 g de mantequilla sin sal ablandada
  • 150 g de fruta confitada cortada en cuadritos pequeños

 

ELABORACIÓN:

 

Prefermento (prepara el prefermento la noche anterior)

 

1º) Mezcla los ingredientes en un bol, tápalo con film plástico y déjalo fermentar toda la noche a temperatura ambiente y sin corrientes que influyan negativamente en él. El prefermento da un sabor profundo y complejo al panettone, así que no renuncies a él.

 

Primera masa

 

1º) Bate los huevos, las yemas, el azúcar y el ron.

2º) Añade la harina y el prefermento y mezcla bien.

3º) Cuando la masa sea bastante homogénea, incorpora trocitos de mantequilla poco a poco, sin prisas, cuidando de amasar bien entre las tandas de mantequilla. Yo usé una amasadora, pero puede hacerse a mano sin problemas (y con muchos sudores). La masa, en principio, es algo pegajosa y dura (poco elástica).

4º) Amasa bien hasta que logres una masa lisa y bastante elástica. Métela en un cuenco (si quieres engrásalo con un pizco de aceite), tápalo con film plástico y déjala reposar en un sitio en el que haga calorcito (en mi balcón había unos 24ºC en esas horas de la mañana). Recuerda que ha de doblar su volumen inicial para considerar que está lista, así que no vayas con prisas.

 

Segunda masa (una vez que la primera masa ha fermentado y doblado su volumen inicial)

 

1º) Bate bien los huevos, las yemas, el azúcar, la sal, la pulpa de la vaina de vainilla y la miel.

2º) Añade la harina y amasa bien.

3º) Incorpora la primera masa y amasa con ganas hasta que esté bastante lisa (con amasadora o a mano).

4º) Añade trocitos de mantequilla poco a poco, amasando entre trocito y trocito. Cuando creas que están todos los ingredientes bien cohesionados, toca empezar a amasar con profundidad.

5º) Amasa con ganas y largo rato. Ármate de paciencia, porque esta masa con tantos huevos, mantequilla y azúcar es “cabezona” y se resiste. La mejor forma de amasarla es usando el amasado francés. Al principio, se pegará por todas partes, manos incluidas, pero en unos 20 minutos, empezará a dejarse domar y observarás cómo va alisándose y volviéndose elástica. Yo amasaba en tandas de 10 minutos con mis manos engrasadas con aceite (sin pasarse) y hacía reposos de 3-4 minutos, para que la masa vaya aceptando su nueva consistencia. Me funcionó estupendamente. A los 50 minutos aproximadamente tenía en mis manos una masa lisa y elástica que se dejaba manipular sin problema y que pasó la prueba de la membrana con nota (¡genial!).

6º) Estira la masa con las manos, formando un rectángulo. Esparce los cuadritos de fruta escarchada por encima e intenta enrollarla formando un tubo (cuesta un poco, porque es muy elástica y blanda, así como algo pegajosilla). Corta en mitades el tubo de masa y haz con cada uno una bola, remetiendo hacia abajo la masa. Cada uno pesará aproximadamente 1kg o 1,2 kg. Si tus moldes de papel son más pequeños, haz más divisiones.

7º) Coloca cada bola de masa con cuidado dentro del molde, con el pliegue del remetido hacia abajo. Cúbrelos con una bolsa de plástico remetida por debajo de los moldes para que no les entre aire y lo seque. Mete los panettoni en la nevera hasta el día siguiente (me agradecerás este paso, tanto por el descanso de tanto amasado, como por el sabor y aroma que cogerá la masa al ralentizar o retardar el proceso de levado). Puedes saltártelo y dejar que fermenten según el paso 8º si tienes prisa… No quedará exactamente igual, pero es una opción que tienes.

8º) A las 07:00 horas del día siguiente, saca los panettoni de la nevera y déjalos que retomen la temperatura ambiente en un lugar tranquilo, alejado de corrientes y caldeado. ¡No les quites la bolsa de plástico para verlos! Ten paciencia y deja que la fermentación actúe. Pasadas cuatro horas y media, la masa de los panettoni estaba lista para ser horneada. ¡Y tanto que lo estaba! Habían llenado prácticamente los moldes de papel y asomaban por encima de estos. Turno del horneado.

9º) Precalienta el horno a 180ºC.

10º) Con decisión, pero con cuidado, haz un corte en cruz en el centro de la masa y coloca un trozo de unos 15 g de mantequilla en el centro del corte. Introduce los moldes en el horno y hornea durante 45 minutos (entre 30 y 45 minutos según el tamaño de tu panettone). A los 10 minutos de horneado, mis panettoni sobresalían tres dedos por encima del borde del molde de papel y empezaban a greñarse y dorarse. ¡Una lindura! Y qué aroma tan agradable por toda la casa… ¡Pobres vecinos!

A los 35 minutos de horneado, les puse un papel de aluminio por encima para que continuaran cociéndose pero no se dorasen demasiado.

A los 45 minutos, introduje un palito de madera hasta el fondo y este salió limpio. Ya estaba cocido.

11º) Saca los panettoni del horno usando manoplas para no quemarte. Atraviésalos con tres brochetas (madera o metálicas) cerca de su base, gíralos inmediatamente y ponlos boca abajo colgados de los sobresalientes laterales de las brochetas (por ejemplo, entre una silla y una mesa). Deja que enfríen TOTALMENTE para que mantengan el precioso copete conseguido durante el horneado. Quizás tarden dos, tres o incluso cuatro horas en enfriarse completamente. Ten paciencia o te quedas sin panettone.

12º) Cuando hayan enfriado TOTALMENTE están listos para cortar y comer. Hay quien les pone azúcar glass, pero yo creo que ya tienen suficiente azúcar como para añadirle más. Además, me gusta ver su tono doradito y su greñado por encima.

Panettone clásico

Enfriado de panettone clásico

 

Receta tomada prestada de Miriam, de El invitado de invierno, quien a su vez la tomó prestada de Pam, de Uno de dos. ¡Maravillosas ambas!

 

 A tener en cuenta:

 

  • El panettone es un dulce clásico italiano, en concreto de Lombardía, propio de la Navidad y parece haber testimonios de su existencia desde el siglo XI. Panettone quiere decir “panazo” o “pan grande”. Es el dulce típico de Milán.
  • La tradición del panettone di San Biagio consiste en guardar un panettone hasta el día de san Blas, el 3 de febrero. Cuenta la voz popular que quien come de este panettone, cuya corteza está ya dura y seca, se librará del dolor de garganta todo el año. Habrá que probar, ¿no crees?
  • El panettone dura en perfectas condiciones varios días, guardándolo en una caja de lata. No sé si a mí me durará tanto, porque está delicioso.
  • Puedes sustituir la vainilla por esencia de limón.
  • No renuncies al prefermento y a los tiempos largos de levado si quieres que tu panettone tenga ese sabor que le caracteriza. Si vas con prisas, más vale que cocines otra cosa, que tampoco es imprescindible hacer un panettone; pero, si lo haces, hazlo bien.
  • No escatimes en buenos ingredientes: buenos huevos y mejor mantequilla (sin sal, ¿vale?)
  • Yo empleé frutas escarchadas cortadas pequeñitas, para que fuera más agradable comer. Sin embargo, la próxima vez me voy a inclinar por trocitos de chocolate y naranja escarchada. ¡Qué rico!
  • Ni se te ocurra darle la vuelta al panettone antes de que se haya enfriado del todo y un poco más. Si lo haces, perderá su esponjosidad y habrás malgastado ingredientes y el valioso tiempo. Si no eres una persona paciente, mejor haz otro dulce y no este. Hay quien me ha dicho (mi amiga Alicia que vive en Florencia) que los entendidos lo dejan boca abajo durante doce horas. Yo lo dejé casi cinco horas y está divino. ¿Podría estarlo más?

Ahora toca recrearse y disfrutar de unos buenos trozos de panettone: panettone con té, panettone con un licorcito, panettone mojado en chocolate, panettone con un vasito de leche fresca, panettone solo, panettone mientras ríes con los amigos, panettone al calor de la chimenea, panettone tapado con una mantita…

 

Laura León Álvarez
laubelealcontenidosyfotografia@gmail.com

Copywriter y fotógrafa freelance. Cuento historias con palabras e imágenes entrelazadas.

9 Comentarios
  • Marhya
    Publicado a las 09:04h, 21 diciembre Responder

    Hermoso el cuento y super apetecible y tentador el panttone. Me dan muchas ganas de hacerlo en casa, Los ingredientes los tengo salvo las frutas, el molde no, no sé cómo podría apañar un molde quizá con papel de horno, tengo que pensarlo.
    Feliz semana.

    • Laube Leal
      Publicado a las 09:28h, 21 diciembre Responder

      María, si tienes paciencia, hazlo. El molde puedes hacerlo con papel sulfurizado de hornear normal. Ponlo doble y remételo bien por las juntas para que no se abra cuando empiece a crecer. Creo que hay tutoriales por internet. Míralos.
      Sobre el tema de las frutas, ponle trocitos de chocolate, pasas remojadas en ron (es muy clásico también)…
      Anímate porque yo me lo he pasado pipa haciéndolo.
      Besitos

  • Carlos Dube
    Publicado a las 06:29h, 22 diciembre Responder

    Fantástico panettone Laube, parece como si ya hubieras hecho 100!!

    • Laube Leal
      Publicado a las 17:19h, 29 diciembre Responder

      Gracias Carlos. La verdad es que disfruté haciéndolo una barbaridad, aunque es cierto que es un poco largo el proceso.
      Felices fiestas guapo.

  • Laube Leal | Chocolate caliente y especiado: más negro y tentador que nunca
    Publicado a las 11:16h, 29 diciembre Responder

    […] 1 vaina de vainilla (sin pulpa, que ya la gasté en el panettone) […]

  • Teresa
    Publicado a las 13:06h, 20 enero Responder

    Me lo había perdido, ainsssss, no sé si tendré paciencia para hacerlo en las próximas fiestas, si no te lo encargo a ti, jajaaa!!!
    Luce divino y el cuento de lo más entretenido, me ha gustado mucho!!
    Besotesss

    • Laube Leal
      Publicado a las 11:06h, 21 enero Responder

      Lleva su proceso, no te voy a engañar, pero merece la pena por lo bueno que está y lo que dura: a nosotros nos duró 6 días en perfectas condiciones y te podría decir que los últimos días estaba tan jugoso y sabroso… Si sigues el paso a paso (si tienes dudas, me preguntas), te saldrá. Si a mí me salió, a ti también.
      ¡Inténtalo!

  • Esther lidia Rodríguez Deniz
    Publicado a las 23:20h, 21 diciembre Responder

    Yo quieroooooo. ¿Conseguiste los moldes de papel aquí?. Me encanta de verdad. Muchas felicidades Laura, sigue inspirándonos.

    • Laube Leal
      Publicado a las 08:34h, 22 diciembre Responder

      ¡Gracias Esther! Si tienes tiempo, haz el panettone con esta receta. Queda riquísimo, Yo este año vuelvo a hacerlo con algún ingrediente distinto. Dura muchos días en muy buen estado.

      Los moldes los compro en la calle Barcelona, en Benítez. El año pasado compré varios y así me curé en salud,

      Besitos reina, Felices fiestas.

Escribe un comentario